Indigo Pearl Resort

No todas las joyas vienen en estuche pequeño

Resulta intrigante que un hotel localizado a apenas 8 minutos del aeropuerto internacional de la isla Phuket en la costa noroeste en Tailandia, pueda ofrecer una experiencia llena de verdadera serenidad, placer e imaginación. Se trata del Indigo Pearl Resort; un santuario escondido en la playa de Nai Yang y adyacente al parque nacional Sirinath que conforma el escenario natural donde se conjuga paisajismo y arquitectura que evocan la imagen de una fábrica tailandesa de un siglo pasado.

Justo donde operaba una mina de cobalto y que luego se convirtió en un modesto hotel 3 estrellas, su propietario y familiares, recibieron muchos comentarios estimulantes de propios y extraños para potenciar y desarrollar con especial sensibilidad uno de lugares más bellos del mundo. Fue así como decidieron invitar al arquitecto y paisajista Bill Bensey, de nacionalidad estadounidense, radicado en Tailandia y reconocido como unos de los 100 arquitectos más influyentes en el mundo, para que desarrollara con toda la información y materiales que formaban parte de la mina, un hotel de gran envergadura, y deslumbrante particularidad.

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Al cruzar el primer portal, el recorrido está flanqueado por una exuberante vegetación que comienza a despertar sentidos y curiosidad, pero al llegar al área de recepción la sorpresa va más allá de cualquier expectativa. Los huéspedes somos recibidos con la reverencia y la sonrisa emblemática de Tailandia, y desde ese momento percibimos la estructura de carácter modernista “condimentada” con aires modernos, raros y al mismo tiempo cálido. El color azul destaca en cojines, cristales y elementos en áreas conformadas en pisos y columnas de cemento pulidos, barras de metal color óxido y madera, detalles peculiares que representan la garantía de vivir un hospedaje inolvidable en una fusión innegablemente chic.
Bill Bensey , se considera un diseñador de medios ambientes,  y se siente orgulloso como firma de poner esfuerzo y atención en absolutamente todos los detalles que van desde la misma arquitectura, paisajismo, diseño de mobiliario, uniformes, papelería, hasta vajilla, cubiertos, servilletas y el especial sentido de conservación ecológica. Pero no todo forma parte del placer visual de observar e ir descubriendo más ambientes y elementos de cualquier dimensión durante la permanencia de esta espectacular construcción que se mimetiza con la jungla como parte del propio ecosistema. El equipo de empleados se convierte en la yunta perfecta y define con su sello muy personal  cómo se concibe y ofrenda el lujo asiático contemporáneo con naturalidad y espíritu tradicional, como descalzarse para entrar a cada habitación.
Generalmente los resorts en el mundo de gran envergadura poseen una suerte de perturbación generada por los ruidos, la música en altos niveles, la sensación de una ocupación muy alta que se traduce en congestionamientos en los servicios gastronómicos, facilidades en la playa, los niños corriendo y gritando en áreas destinadas al verdadero relax. Y peor aún, el brazalete de color que supuestamente le genera un servicio exclusivo que se contradice  a la cantidad  de las estrellas que se ufanan tener.
La experiencia del Indigo Pearl Resort, permite la presencia del grupo familiar, de la pareja “lunamielera”,  los amigos,  y hasta los grupos corporativos que van de convención, pero cada uno de estos perfiles de huésped, tendrán sus alternativas, servicios particulares, áreas delimitadas más no separadas, donde en algunos momentos todos pueden coincidir armoniosamente o simplemente elegir su espacio para descansar sin provocar la perturbación o la molestia de los otros.
Tres enormes piscinas que reflejan el color esmeralda del mar de Andamán que forma pare del Océano Índico, y que están destinadas y separadas por inmensos jardines y senderos interconectados que llevan a todo las áreas del hotel, la principal dónde todos pueden disfrutar de actividades y atracciones para chicos, la segunda  para los que deseen practicar natación y la tercera destinada exclusivamente a los adultos.

Las habitaciones son una demostración de creatividad, lujo distendido y calidad en los detalles. 108 habitaciones con balcón o terraza con vistas hacia los jardines espectaculares y la piscina central. Otra opción son las 83 habitaciones con espaciosos walk-in closets, balcones inmensos donde se ubica estratégicamente una bañera de particular diseño. 32 villas que ofrecen verdadera intimidad, con bañera externa, tumbonas para recibir al sol,  sombrilla y mesa para disfrutar de cualquier degustación y en la parte trasera se abre hacia los jardines con ducha al aire libre. También hay otras 35 villas que poseen las mismas comodidades de las anteriores pero con piscina privada de agua de mar. Quedan entonces las 7 Pearl Shells  de una o dos habitaciones con jardines, piscina y su área privada para recibir masajes. Especial atención merecen, el diseño de los ventiladores en las áreas externas,  la calidad de la lencería, los productos naturales de higiene personal en frascos diseñados especialmente para el hotel, las batas de algodón, y elementos como el bolso de nylon plateado para ir a la playa o de paseo, y las sandalias de piel negra para aquellos que olvidaron las suyas o simplemente quieren usarlas para cambiar de look.
Las opciones gastronómicas van desde los lugares para tapas, tailandés, grill, de autor, café y cocteles. Cada uno con una propuesta de ambiente singular y determinante que se integran de manera única con todo el espíritu del resort.  El Rivet Grill, cuya carta sencilla y crujiente, se mezcla con una atmósfera sofisticada pero acogedora con esas sillas de gran formato que generan complicidad e intimidad a sus comensales.  El Black Ginger una oferta estilizada y mágica de auténticos sabores de Siam en una decoración imaginativa.
Tongkah Bar, cuyo nombre proviene de lo que antes era el centro global de la minería de cobalto, sirve de inspiración para producir con elementos históricamente evocadores y con aires postmodernistas un lugar ideal para la relajación, la cata de whiskeys y el esparcimiento típico de los bares.
Rebar, un restaurant-bar, sin paredes, que proporciona vista a los jardines y los atardeceres del mar de Andamán, posee una carta de especialidades tailandesas, japonesas y mariscos. Un detalle singular representan los pisos de este recinto que fue construido con los rieles de madera donde se transportaban los carros que llevan el cobalto de la mina.
Otras facilidades conforman la cocina de diseño moderno donde se imparten clases de comida tailandesa, así como la galería floral, dónde no sólo se puede comprar arreglos sino que se puede tomar lecciones para aprender cómo hacerlos con geometría y personalidad local; un gimnasio espectacular dónde provoca entrenar con vivaz entusiasmo y por supuesto usar los impecables e imaginativos servicios sanitarios. Una boutique donde apreciamos moda artesanal con carácter estilizado y redimensionado, y por supuesto la posibilidad de adquirir objetos que encontramos y disfrutamos en todas las instancias y que fueron especialmente diseñadas, como dijimos anteriormente para el hotel. También encontramos una biblioteca, guardería infantil y pabellón de conferencias.
El club de playa, ubicado en una espectacular costa, dónde se mantiene el espíritu que identifica a todo el complejo, pero que al mismo tiempo comulga y se integra con todas las opciones que hacen y generan vida  en la zona tales como, casas para turistas aventureros, mochileros, pequeñas tiendas de diseñadores locales, áreas de masajes para pies y corporales, artesanía, paseos turísticos,  gastronomía típica y algunos templos. En la costa somos testigos de un gran colorido y de sonrisas eternas de los lugareños.
El spa no debe faltar como una opción para consentir todos los sentidos y la experiencia plena del bienestar interior con la especial devoción que sus terapeutas otorgan al menú de servicios que van desde exfoliaciones, masajes, faciales y reflexología.

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Si la intención de recorrer la isla de Phuket y visitar la zona sur y recorrer las islas Phi Phi  y sus playas como aquella dónde se filmó la película de The Beach protagonizada por Leonardo di Caprio, o The Golden Gun de James Bond; visitar los mercados con variedad de ofertas, o los grandes shopping malls, conocer otras costas y maravillosas ensenadas, el concierge del Indigo Pearl le indicará con esmero todas las opciones para satisfacer los gustos convencionales, aventureros o exclusivos.
Un resort que ha sido catalogado como el  de más estilo en el Asia, nombrado en la lista de los mejores hoteles del mundo del 2007, ganador del concepto de mejor de hospitalidad en el sureste asiático y uno de los 50 hoteles más soñados del globo, se despoja de todos esos halagos y se dedica esencialmente y desde su verdadero espíritu  para que seamos nosotros los que nos sintamos consentidos, agradecidos y encantados con la ingenuidad y la sensibilidad de una de las maravillas de hospedaje única en su estilo y que genera punta de lanza en los viajeros de tendencias que se diferencian en sus elecciones de las ofertas meramente convencionales.

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