Morir por la Moda

Tony Daza llevaba varios días con fuertes dolores intestinales.

Como sabemos, toda intoxicación con arsénico ocurre lentamente; cada café, vaso de agua o soda de dieta que se bebía en la cabina de radio, contenía veneno en dosis mínimas pero efectivas. Al principio pensó que era un simple malestar.

Luego la inquietud que desencadena el arsénico se convirtió en el detonante de sus sospechas: Mario Aranaga, su amigo y compañero en el programa de radio, con quien compartiera tantos aeropuertos, lo estaba envenenando.

Pensó, “quien ríe de ultimo, ríe mejor”. Buscó un veneno efectivo, rápido y fácil de encontrar: estricnina, usado frecuentemente para matar roedores y hormigas.

La tarde del deceso, ambos estuvieron de acuerdo en pedir un Cabernet Sauvignon en el almuerzo. “Hoy nos hace falta un vino robusto”, dijeron al unísono.

En un descuido, Daza volteó a saludar a las personas de la mesa de al lado y Aranagasuministró en su bebida la dosis letal del veneno sin sospechar que, minutos antes, mientras él conversaba solícito con el dueño del local, lo mismo había hecho su compañero.

Fallecieron en menos de una hora. Se achacó al divismo de ambos la causa de la muerte.

La clave parecía estar en una conversación oída por su productor de radio, días atrás: los dos compraron el bolso Serdegna Cavas de Bottega Veneta y ninguno dimitió en su afán de usarlo.

No lograron negociar: un día tú, un día yo… les pareció más fácil el asesinato.

 

(Foto de Luis Cubelo / Producción de mi amiga la fashionista y escritora Titina Penzini)

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Foto de Platáno Verde, junto con mi amigo y socio Mario Aranaga, Editor de la Revista Estampas, y con quien realizo Glamurama.

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